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El viaje de regreso

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Lo oís, ¿podéis escuchar el zumbido rítmico e imperturbable de los ventiladores que, batiendo el aire sofocante de la estancia, tratan de mitigar la sensación de calor que lo impregna todo...? Las ventanas de toda la casa están abiertas de par en par casi veinticuatro horas al día, aunque consiguen cambiar bien poco la situación, el aire abrasador se cuela sin miramientos por todos los rincones; fuera, dentro, da igual, tan sólo las numerosas duchas de agua fría y las interminables botellas de agua consiguen refrigerar un cuerpo que no cesa en su infatigable producción de calor. Pero ya nos vamos, y ese calor que cada día sin piedad se va a apoderando del aire que respiramos ya no importa, ni el ruido de los desvencijados coches que pueblan el Cairo, ni la polución que empaña el horizonte tiñéndolo de extraños colores, ni los maravillosos atardeceres del Nilo, ni los tés, ni la amena charla con los desconocidos que te encuentras en la calle y que te invitan a disfrutar de su afable compañía, ni el desquiciante cantar de las mezquitas,... nada importa ya porque esta aventura que comenzó a principios de año, va difuminándose, va diluyéndose en la delgada pátina de la memoria, va ya tocando a su fin.

 

Los meses de intenso trabajo quedan ahí, como simiente sembrada con mimo y esperanza en una noche de luna creciente a la espera de las próximas lluvias de otoño, para ver si éstas son capaces de dar el aliento necesario para que todo germine con fuerza y vigor y podamos recoger la cosecha anhelada. Hasta entonces, amigos, seguiremos caminando, despacito pero sin pausa, tratando de disfrutar de cada recodo del camino, haciendo balance de los errores, de los aciertos y, sobre todo, tratando de afrontar con pasión todo lo que se nos siga poniendo por delante.

No me cabe la más mínima duda de que en todo este tiempo hemos aprendido mucho. Las dificultades del camino siempre nos han mostrado algo que permanecía escondido, siempre nos han acercado a personas que transitaban, en ese preciso instante, por el mismo sendero que nosotros y nos hemos enriquecido mutuamente. Nos hemos hecho más humildes, más sensatos y aun más escépticos, si cabe, ante las verdades absolutas del mundo. Creo que hemos empezado a mirar de otra manera, a entender, o por lo menos a tratar de comprender, las distintas maneras que existen de entender la vida. Una de las conclusiones extraídas es que las creencias, las verdades absolutas y los axiomas mueven montañas pero anulan la capacidad crítica y el desarrollo del pensamiento. Es imposible cambiar o mejorar algo que no se ve, que se desconoce o que no se quiere ver. Podría profundizar mucho más en esta línea de análisis pero creo que no sería capaz de transmitir con la precisión y la corrección necesarias lo que nubla mi intelecto en estos momentos. Lo único que sí os puedo decir, desde la perspectiva que me da el poder observar en la distancia cuanto sucede en uno y otro lugar, es que al final, sólo vemos la viga en el ojo ajeno y no nos damos cuenta de que el ser humano se comporta de la misma manera en todos los lugares del mundo, comete las mismas atrocidades, se obceca en hacer de sus verdades su bandera y convierte en "correcto" y "normal" lo que hace la mayoría y en "incorrecto" y "anormal" lo que se sale del camino establecido.

¡Qué sencilla es esta vida y como nos empeñamos en hacerla complicada y tormentosa!

En fin familia, que durante esta semana empiezo a hacer las maletas y, si todo va según lo previsto, para el 1 de Julio estaré pisando tierras ibéricas. Un nuevo reto y por supuesto, una nueva aventura, como siempre...

Así que nos vemos en unos días... que ya va siendo hora de darnos esos abrazos aplazados.

Besos para todos, se os quiere y extraña.


P.D. He subido algunas fotos, a ver si os gustan: http://picasaweb.google.es/fsaneus

 

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